lunes, 23 de agosto de 2010

CAROLINA HERRERA




































Prêt A Porter, otoño-invierno 10/11.

viernes, 20 de agosto de 2010

Unas veces se ama más, otras menos. Otras se cree uno hacerlo, aún cuando las más de las veces sabe que no. Quizá es que solo hubiera una forma de amar, y esa fuera no amando. De igual manera que uno no duda en el instante de si está triste o no lo está, de si llueve o no llueve cuando llueve, aquel estaría seguro de que amaba cuando de verdad lo hiciera.
Puede que el mundo nazca con una cantidad de amor medida, de mayor o menor tamaño, y ésta se vaya gastando y perdiendo con su uso. Igual que no puedes pedirle al Sol más sol, ni a la lluvia más lluvia. Para el que lo ha gastado, siempre habrá algo grande y feliz que superará con creces el hecho de haberse desprendido de él para siempre; el maravilloso recuerdo de pagar una sola y cara vez con él, y los igualmente maravillosos, pero menos profundos recuerdos, de quien lo repartió en varias ocasiones. Es la clase de amor fraccionado, una alternativa para aquellos que dudaron toda su vida. Pero, para el que no lo ha gastado, supone la incertidumbre de disponer verdaderamente de él, pues creemos que lo general nos pertenece por costumbre misma. Otra indecisión, sería su gestión: puede que uno no tenga recursos para poder administrarlo, ni valores en los que invertirlo. Puede que uno tema ser timado, y pagar una cuantía enorme por no una baratija, pero sí una falsificación de aquello que cree genuino, y termina rompiéndose a pedazos; de aquello que se cree que es, y que al final no es. Pero existen más fluctuaciones, pues en los negocios quien no arriesga no gana, y manual para la fortuna no existe –por lo menos para la fortuna de la propia vida-…

Y finalmente uno termina sentado divagando, con una incertidumbre plena, que ni importa ni deja de importar, que cuando se levanta da por reír o da por llorar. Y se pregunta sobre si lo que sueña existe, de si es tangible y se puede comprar, de si las joyas se pagan con amor, y los amores con dinero, o si realmente debiera preocuparse por eso, aún sabiendo que unos para el amor, se preparan con la debida antelación, y otros perturbados confían en que el fiel y verdadero llegue por casualidad, una casualidad en toda regla, de las que se cruzan sin más, y con la misma facilidad se van, que llegan tarde y se marchan temprano, y le abrazan a uno de sopetón.




 Bath, Brooke Shields en "La pequeña", Natalia Vodianova para Vogue.

sábado, 7 de agosto de 2010

Cuando un cortísmo spot merece la pena ser visto:




Ella está hecha a semejanza de las cosas que amo.


 

Se parece a la noche,
 

o mejor:
a una noche sin ausencias...









Ella es exacta.

 

Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece.


Me permite trepar por mis temblores






y agitar su nombre desde la oscuridad.
 

Ella es irrepetible.



Nació en las piedras donde empieza mi desorden.
 




Ella, Eduardo Langagne.




Spot: Agua di Gioia (Giorgio Armani).

martes, 3 de agosto de 2010

DETENTE, CAMINANTE

Detente un momento, Caminante, solo un pequeño momento, para leer estas frases,.
Dejémoslas esta vez como frases y no como versos.






Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás,

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino

sino estelas en la mar.


Antonio Machado








 






Imágnes: Murcia antigua, Trapería, Plaza Catedral y Portman.

domingo, 1 de agosto de 2010

Carmen en estos casos se supera.
Se dispone a sufrir sin una lágrima.
No se golpea el pecho con la manos,
ni gime, ni los ojos se le nublan.
A su lado se sientan sus amigas,
todas muy maquilladas, con modelos
exclusivos y oscuros, lamentando
la muerte de Ricardo entre sollozos,
Carmen está tan triste que no llora.

Tanto dolor le sube a la cabeza
que no sabe qué hacer para alojarlo.
Mientras, María rompe el fuego y dice:
«No sé si va a servirte de consuelo,
pero he sufrido mucho en esta vida.
Mi familia murió en un accidente
de coche, en pleno estado de embriaguez:
mis dos maridos, hijos, hijas, todos.
Me he quedado solísima en el mundo».
Como Carmen seguía sin llorar,
habló Julia, la de ojos transparentes,
y entre lágrimas dijo estas palabras:
«Más he sufrido yo. Mis siete hijos
murieron peleándose entre ellos
y mis padres se ahogaron en la playa
el verano pasado, uno tras otro.
Yo sola preparé los funerales
y encargué las guirnaldas de sus tumbas.
Para mí ya no existe la alegría».
Marta la triste habló, sumida en llanto:
«A mí me odia Fernando, pero teme
quedarse sin dinero si me deja.
Sale con una chica, últimamente,
que no ha cumplido aún los veinte años.
Me obliga a descalzarla cuando viene
y a servirle en la cama el desayuno.
¡No puedo más de fiestas y de drogas
y de esa horrible gente de la noche!»

Pero Carmen no llora. Se levanta,
quita la tela que cubría al muerto,
ve el pelo enmarañado por la sangre,
ve los brillantes ojos apagados,
ve el pecho roto, las mejillas frías,
los labios negros y los pies blanquísimos,
ve el despojo que ayer fuera Ricardo.
Y Carmen ya no puede seguir viendo.
Cae hacia atrás, como si aquello fuese
a desaparecer si no lo mira,
y sus amigas corren a atenderla.

Y cuando su cabeza se refugia
en un cojín que apunta al cielorraso,
no puede evitar Carmen que una lágrima,
una caliente lágrima de amor,
resbale de sus ojos.

Luis Alberto de Cuenca.

miércoles, 28 de julio de 2010

FASSBINDER: EL MATRIMONIO DE MARIA BRAUN




Al igual que muchas de las películas del director alemán Rainer Werner Fassbinder, entre ellas Effi Briest (1974), Una canción… Lili Marleen (1981) y La ansiedad de Verónica Voss (1982), El matrimonio de María Braun se centra en un personaje femenino cuyo destino refleja la historia de su país. Casada con un soldado, Hermann (Klaus Löwitsch), durante la Segunda Guerra Mundial, María (Hanna Schygulla) cree que su marido ha muerto en combate; al declararse la paz, María empieza a trabajar en un cabaret. Acosada por un soldado estadounidense que trata de violarla, María lo mata sin querer durante el forcejeo la misma noche que regresa su marido. Este asume la responsabilidad del crimen y durante su estancia en la cárcel María trabaja desesperadamente con el fin de redimirse y preparar una vida segura para cuando su marido salga de la cárcel. Un decenio de esfuerzos incansables la convierte en una próspera mujer de negocios, pero la felicidad sigue pareciendo imposible porque, aunque recupera la libertad, Hermann se siente incómodo en presencia de su esposa. Hermann se marcha a América del Sur para hacer su propia fortuna y finalmente vuelve cerca del final de la película. Pero el destino de María es cruel una vez más, y se produce una explosión de gas que causa la muerte de ambos.













       Las premisas melodramáticas en modo alguno disminuyen la fuerza de esta notable película, que utiliza un caso en particular para hacer un análisis del “milagro alemán”. Pagada con sacrificios enormes, la reconstrucción de Alemania descansaba principalmente sobre las frágiles espaldas de sus mujeres. “Aunque se reconstruyeron las paredes, los corazones siguieron rotos”: esta era la opinión que tenía Fassbinder del auge económico de la posguerra, opinión que no fue aceptada de forma unánime. El matrimonio de María Braun habla de la pérdida del alma en una sociedad que exalta la prosperidad. Encarnada con brillantez por Schygulla, María se ve obligada a sufrir pot buscar autoestima y dignidad utilizando medios inhumanos. Fascinada por el dinero, pierde su encanto femenino.




       Convencido por Douglas Sirk de que el melodrama siempre funciona, Fassbinder logró evitar el sentimentalismo gracias al rigor y la eficiencia. La película conserva la famosa “presentación fría” como señal de su sello inconfundible y Fassbinder demuestra una vez más que es un maestro del retrato femenino.




 


Festival de Berlín: Rainer Werner Fassbinder (jurado de lectores del Berlinger Morgenpost), Hanna Schygulla (Oso de Plata: actriz), (logro sobresaliente: todo el equipo), nominación de Rainer Werner Fassbinder (Oso de Oro).

domingo, 25 de julio de 2010

MATAR UN RUISEÑOR


La querida novela de Harper Lee sobre la infancia en el profundo Sur durante la Depresión ganadora del premio Pulitzer fue rara y superlativamente traducida a la pantalla por la asociación (nueva, independiente y con conciencia social) entre Allan J. Pakula, que la produjo y Robert Mulligan, que dirigió la primera de las seis películas que harían juntos en los años sesenta. La adaptación es del dramaturgo Horton Foote, que ganó su primer premio de la Academia por un guión que tipificaba lo que sentía por la población rural americana auténtica.



       La historia se ve a través de los ojos de una niña, cuyo punto de vista adulto como narradora se expresa en la voz de la luminaria del método Stanislawsky Kim Stanley. Pero el centro lo constituye la actuación de Gregory Peck, ganadora de un Oscar, como el no va más de todos los hombres decentes que encarna. Atticus Finch es un abogado viudo de Alabama que toma la defensa de un hombre negro (Brock Peters) falsamente acusado de violar a una mujer blanca; pone al descubierto la intolerancia pueblerina sureña y enseña a sus jóvenes hijos una dolorosa lección de valentía moral. Matar un ruiseñor es un modelo de adaptación literaria, que coloca los detalles sin importancia al lado de los acontecimientos importantes, desgarradores y mortales –los juegos infantiles, un niño hambriento que ahoga su comida con sirope, Atticus que mata un perro rabioso, la multitud, dispuesta a linchar a un acusado, avergonzada por una niña, la comunidad negra que sigue en tensión el juicio desde la sofocante galería-. Mulligan aportó su experiencia en la producción de televisión en directo y creó un drama íntimo.


       En los papeles importantes los niños están auténticamente naturales, en particular la ingenua Scout Finch que interpreta a la niña de Alabama de nueve años Mary Badham (su hermano John, entonces en Yale, dirigía Fiebre del sábado noche [1977] y Juegos de guerra [1983]). Matar un ruiseñor puede presumir de ser la primera película de Robert Duvall como el hijo del escurridizo vecino, el coco de sus fantasías y finalmente su salvador, Boo Radley. Duvall recibió un premio de la Academia veinte años más tarde en otro guión de Foote merecedor de un Oscar, Gracias y favores. La melodiosa banda sonora de Elmer Bernstein es otro atractivo de esta tierna y sincera película.




 
 
Para Harper Lee, el ruiseñor es el símbolo de la inocencia.
 
 
Dos veces esuchamos esa conmovedora frase; en el comienzo de la película, de la boca de Atticus, que trata de aleccionar a sus hijos, y al final de la película, por Scout, la pequeña, transmitiendo a su padre la conciencia que ha tomado desde su visión de niña:
 
"Eso sería como matar un ruiseñor".
 
 
 
 
Oscar: Horton Foote (guión), Gregory Peck (actor), Alezander Golitzen, Henry Burmstead, Oliver Emert (dirección artística).
 
Nominaciones al Oscar: Alan J. Pakula (mejor película), Robert Mulligan (director), Mary Badham (actriz de reparto), Russell Harlan (fotografía), Elmer Bernstein (banda sonora).
 
Festival de Cannes: Robert Mulligan (premio Gary Cooper).

jueves, 1 de julio de 2010

Compras, compras y más compras...
La vida es cara, sí señor. Todo cuesta dinero, y demasiado. Ya puede ser uno todo un artista, una gran estilista, con gran olfato para la moda que todo tendrá que salir de su bolsillo. Y éstos tras las compras, sufren todos de la misma manera.

Algunas veces, cuando voy de una página a otra, no puedo evitar detenerme en una fotografía que me ha llamado la atención. Bien, pues esta es una de las cosas que me pasa muy de ven en cuando cuando se trata de moda.
Parece que absolutamente todos todas las campañas de todas las marcas que agrupan algunos imperios textiles, se han decidido a plasmar en ellos su propia visión de la moda, única, determinada  pero nada exclusiva.
Estoy aburrida de ver en todos los escaparates las mismas tendencias, que ni siquiera son tendencias, los mismos zapatos de mil colores diferentes. Uno de los momentazos del 2009 fue cuando el olvidado 2.55 de Chanel dio el salto desde el rincón mál olvidado del armario hasta estar en la última tienda, de la última calle, del último barrio. Y por supuesto colgado de todas las mujeres, todos lo maniquíes, todas las modelos, y claro, todas las fashionistas de los blogs.

Me gustaría saber lo que habría pensado ella...
No recuerdo qué diseñador vino a decir hace unos pocos años (y pocos me refiero a dos como mucho), algo así como que "la moda había perdido todas las líneas, toda la gracia" y para él, "toda la elegancia que había sido erigida y había regido durante todas las colecciones de las famosas casas" del siglo XX.
Poco tiene de interesante para mí las grandes marcas, las mismas que ya se han adentrado en la espiral no de la moda entendida como arte, sino como comercio.


Ahora las grandes inspiraciones y las grandes líneas se dejan para desfiles de Alta Costura.
Quizá todo esté desenfocado, y las marcas solo dispongan en todas sus tiendas las mismas prendas que cada uno puede elegir y combinar a su manera, dándole el estilo que uno quiera tener. Pero lo que sí es cierto es que todas las campañas que tenemos prácticamente en todos los puntos de nuestro día a día están repletos de esas tendencias para la mayoría, que todos debemos tomar para "estar a la moda".


Así que prefiero quedarme con una cita que leí hace tiempo:
"Las mujeres necias, siguen la moda; las pretenciosas la exageran; las mujeres elegantes, pactan con ella." Marquesa de Chatelet

Puede que sea una de las pocas cosas que en cuestión de vestir, merezca la pena tener presente.



Imágenes: Gabrielle Chanel, desfile privado de Karl Lagerfield, desconocida, y modelo con diseño de Balenciaga.








Imágenes: Natalia Vodianova por Paolo Roversi para el Vogue italiano.

lunes, 21 de junio de 2010

LE MÉPRIS (1963)


Sexto largometraje de Jean-Luc Godard, el más osado realizador de la nouvelle vague, El desprecio combina el retrato de un matrimonio con la historia de la filmación de una película. Camille (Brigitte Bardot) está casada con el guionista Paul (Michel Piccoli). En la primera secuencia hace un inventario de su cuerpo desnudo, y le pregunta qué parte le gusta más. Después, él le presenta al productor de Hollywood Jeremy Prokosch (Jack Palance). Prokosch está haciendo una película sobre la Odisea de Homero que será dirigida por el veterano director Fritz Lang, que se interpreta a sí mismo. Palance encarna su papel con ironía, y proclama "Me gustan los dioses. Sé exactamente cómo se sienten". Lang contesta con algunas observaciones sobre el cine ("El cinemascope es estupendo para rodar serpientes y ataúdes").
      El desprecio está repleta de referencias cinéfilas a Chaplin y Griffith, y a Hawks, Ray, Minnelli y otros héroes de la revista cinematográfica francesa Cahiers du Cinéma, de la que Godard había sido crítico, La contribución de Paul es el comentario "enséñale una cámara a una mujer y ella te enseñará al instante el culo", algo irónico teniendo en cuenta que el trasero de Bardot se ve con frecuencia.
      ¿Y el desprecio? Es lo que Camille ha llegado a sentir por su marido, a quien acusa de intentar arrojarla a los brazos de Prokosch y de vender sus principios por dinero. Una película inteligente y elegante con un final sobrecogedor.
La banda sonora es una obra maestra.