sábado, 19 de febrero de 2011

FORREST GUMP




Un rápido recorrido por los acontecimientos de la historia de los Estados Unidos, desde la década de los cincuenta a la de los ochenta, a través de los ojos de un hombre. La película triunfa como superproducción y estudio de un personaje. Ello se debe a la dirección inteligente, aunque algo sensiblera, de Robert Zemeckis, y a la actuación llena de sensibilidad de Tom Hanks, que ganó, por este papel, su segundo premio de la Academia al mejor actor en dos años consecutivos.
    Conozcamos  a Forrest, un simpático chico con minusvalía mental, con un coeficiente intelectual de 75 pero dotado de una habilidad especial, sentado en un banco del parque, esperando al autobús que lo llevará a reunirse con Jenny, su amiga de la infancia (Robin Weight Penn). Mientras espera, va contando su vida a la gente que comparte el banco con él... y es toda una historia. Su madre (Sally Field) había corregido su manera de andar con zapatos ortopédicos, pero nunca trató de corregir su mente ("Es estúpido quien hace estupideces"). Forrest ha vivido los sucesos más famosos en Estados Unidos en el siglo XX. Todo empieza en el día que descubre que sabe correr: escapando de los matones, pierde su aparato y corre como una gacela, perdiéndose en la distancia. Y usa su nuevo talento para convertirse en una estrella del fútbol. A lo largo de las tres décadas siguientes, este hombre sencillo conoce a John F. Kennedy, Lyndon Johnson y Richard Nixon;. se convierte en un héroe de la guerra de Vietnam, salvando al "teniente Dan", su gruñón superior, brillantemente retratado por Gary Sinise, y más tarde es un magnate de la pesca de gambas. Mientras tanto, no deja de soñar que volverá a reunirse con Jenny, cuya vida ha seguido un camino diferente y está inmersa en la contracultura estadounidense, protestando contra la guerra y entregándose al alcohol y a las drogas.
    La historia de amor entre Jenny y Forrest no es muy convincente (parece que ella solo está presente cunado necesita ayuda). De todos modos, esta adaptación de la novela de Winston Groom funciona a su mejor nivel como la emotiva historia de un hombre honrado y sencillo soberbiamente interpretado por Hanks, que modeló su peculiar acento según el de Michael Conner, en el papel de Forrest niño) y como reflexión sobre la segunda mitad del siglo XX. Se hace posible gracias a los trucos informáticos que sitúan a Hanks, con unos efectos a veces hilarantes, en viejas secuencias de sucesos históricos.




Óscar: Wendy Finerman, Steve Starkey, Steve Tisch (mejor película). Robert Zemeckis (director), Eric Roth (guión), Tom Hanks (actor), Ken Ralston, George Murphy, Stepehen Rosembaum, Allen Hall (efectos visuales), Arthur Schmidt (montaje).

Nominaciones al Óscar: Gary Sinise (actor de reparto), Rick Carter, Nancy Haigh (dirección artística), Don Burgess (fotografía), Gloria S. Borders Randy Thom (efectos de sonido), Daniel C. Striepeke, Hallie D'amore Judith A. Cory (maquillaje), Alan Silvestri (banda sonora), Randy Thom Tom Johnson, Dennis S. Sands, William B. Kaplan (sonido).

domingo, 13 de febrero de 2011

"Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma; y uno aprende que el amor no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...


Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.


Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.










Y uno aprende...
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale.



Y uno aprende y aprende...
y con cada adiós uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.











Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es solo de almas grandes.





 





Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sea como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante.


























Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Y aprendes que hay 3 momentos en la Vida que uno no puede remediar:
La oportunidad que dejaste pasar,
la cita a la que no asististe,
la ofensa que ya pronunciaste.






















Con el tiempo también aprendes sobre El dinero... y entonces comprendes que:
Puedes comprarte una Casa, pero no un Hogar,
Puedes comprarte una Cama, pero no hacerte Dormir,
Puedes comprarte un Reloj, pero no te dará el Tiempo,
Puedes comprarte un Libro, pero no Conocimiento o lo que necesitas aprender,
Puedes comprarte una Posición, pero no sirve para tener Respeto,
Puedes comprarte Medicinas y pagar la consulta al médico, pero no te da Salud,
Puedes comprarte Sangre, pero no Vida,
Puedes comprarte Sexo, pero no Amor.









Con el tiempo también aprendes que la vida es aquí y ahora,
y que no importa cuantos planes tengas, el mañana no existe y el ayer tampoco.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,
ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.









Pero desafortunadamente, todo esto lo aprendes sólo con el tiempo. "

Jorge Luis Borges.

domingo, 6 de febrero de 2011

UNA HABITACIÓN CON VISTAS



No es una novela dramática, quizá pueda parecer mínimamente escandalosa para el ojo que la lee en estos tiempos. Es la variada y atractiva galería de personajes y de contrastes que Forster despliega, y por la que nos conduce con paso vivo y constante, deteniéndonos inconscientemente unas pocas veces para observar con mayor complejidad los marcos y los paisajes que crea. Ni siquiera la protagonista es totalmente transparente, ni siquiera ella es, aun siendo el epicentro de todos los aprietos y conflictos en los que envuelve a los personajes, la obra que contemplar en la novela. Forster describe desde los ojos de un hombre los conflictos interiores de Lucy Honeychurch, los apuros a los que se ve expuesta una mujer que intenta abrir camino a su personalidad superando el obstáculo de las convenciones sociales. Las contradicciones de una mujer son expuestas al lector, que se hace cada vez más cómplice e íntimo amigo del narrador, compartiendo impresiones y sentido del humor, mientras siguen paseándose alegremente por la galería.
Lo verdaderamente sugerente de la novela, en cuanto cae en las manos de uno, es el título. Las vistas rodean la novela, son alusiones vivas y la revelación en sí mismas que corren los velos y hacen caer las vendas de los personajes. Así es a los ojos de Honeychurch, mientras decide el significado de las personas a las que imagina en habitaciones con vistas, como las de la pensión Bertolini, en el corazón de Florencia, y a los que se imagina en habitaciones cerradas, llenas de estantes y objetos inertes, sin poder ver las colinas o los valles, de las cuales, tal y como revela Emerson, sólo hay una vista perfecta: la del cielo sobre nuestras cabezas, y que todas esas vistas de la tierra no son más que torpes copias suyas.









E. M. Forster, A room with a view, (1908).